Formosa, 19 de Junio de 2019
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ARTURO PINTO, EL FORMOSEÑO POR ADOPCION QUE PUDO SER UNO DE LOS MARTIRES RIOJANOS: IBA EN EL AUTO CON ANGELELLI



28-04-2019  |  Formosa
    

Arturo Pinto es un ex cura de la Iglesia Católica que se radicó hace muchos años en Formosa y es uno más entre nosotros,reside en Ingeniero Juarez y se destaca por su permanente y constante apoyo social a los pueblos orginarios y a la sociedad pobre y desvalida del lugar. Durante la dictadura genocida ejercía su sacerdocio en La Rioja, bajo el obispado de Monseñor Angelelli y fue quien lo acompañaba en el vehiculo siniestrado en la RN38 en esa provincia, cuando lo asesinaron los militares genocidas. Ayer estuvo en la beatificación de Angelell y de los otros mártires riojanos, se fue con una delegación de fieles católicos formoseños.Pudo haber muerto ese día con Monseñor Angelelli.




Arturo Pinto era el sacerdote que viajaba con el 4 de agosto de 1976 con el entonces obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, cuando vio que un auto se les cruzó en la ruta en Punta de los Llanos.

Su testimonio fue acallado entonces por la dictadura militar y la jerarquía eclesiástica, que lo definieron como un accidente, pero llegó a los tribunales apenas volvió la democracia. Para aquel tiempo ya había dejado los hábitos y se había ido a vivir a Formosa, en Ingeniero Juárez, donde reside actualmente.
Este sábado se acercó a la beatificación de los llamados cuatro mártires riojanos, Angelelli y otros tres asesinados por el régimen días antes, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, de nacionalidad francesa, y el catequista Wenceslao Pedernera.

Llegó en un micro con su esposa, Ana, y un contingente de donde vive y despliega una tarea social desde hace décadas, Ingeniero Juárez, Formosa.
Bien lejos de los primeros asientos en la misa de beatificación, Pinto recordó al cordobés Angelelli: “Su primer mensaje al llegar a La Rioja (1968) fue clave en lo que fue como persona y obispo. Ahí él anunció: ‘Les acaba de llegar un hombre de tierra adentro que se quiere identificar con el pueblo riojano’. Creo que esto es lo que él logró: identificarse con La Rioja, sus problemas, conocer su cultura y tradición, su religión, su religiosidad popular, sus inquietudes y necesidades. Él se identificó tanto que luchó hasta las últimas consecuencias, por hacerse un riojano más”. Pese a que Angelelli dividió aguas en estas tierras, Pinto tiene una experiencia distinta de él: “Era un hombre sensible, muy querendón, muy humano, muy atento a las necesidades más importantes de la gente. De modo especial, aquellos que más desprotegidos son aquellos a los que mejor llegó en la diócesis”.
“Hubo dos iglesias”, rememoró los tiempos de la dictadura. “Eran contados con los dedos de una mano los obispos que se oponían a la Iglesia que colaboró con el terrorismo de Estado”, añadió. “Enrique Angelelli era aliado del pueblo, de los marginados, de los que luchaban por la tierra, el trabajo, la dignificación de la vida, abierto, amigo, comprometido con el hombre, la mujer y la política”, continuó quien tiene en su memoria aquel accidente de auto que, según la justicia, fue un homidicio: “Tuve la impresión de que nos sobrepasó un vehículo y se nos cruzó. Lo único que recuerdo es un golpe muy fuerte”.

Después del asesinato del obispo Enrique Angelelli, sus pastores quedaron a la buena de Dios. Arturo Pinto -el hombre que lo acompañaba en la camioneta embestida en la ruta provincial 38 aquél 4 de agosto de 1976- empezó a escapar. Pidió una dispensa (licencia) temporaria y se fue: a Río Negro, donde trabajó en una empresa de servicios de Pérez Companc que recuperaba herramientas para pozos petroleros; a la casa de una amiga en Banfield, donde trabajó en la parte de ventas de una fábrica de amortiguadores; a una metalúrgica en Lomas del Mirador -después de un tiempo desempleado en el que vendió reflectores- que rectificaba motores para la empresa Transportes del Oeste. “Yo nunca dije quién era ni qué me había pasado. Era un modo de clandestinidad”, contó Arturo Pinto, finalmente se fue a Formosa, donde vive actualmente y de manera definitiva afirmó.
Pinto dejó los hábitos, se casó y tuvo tres hijas con la única mujer de su vida.








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